El betacismo o los caminos de una lengua

¿Alguna vez ha notado cómo algunas personas que hablan portugués, español o italiano utilizan el sonido «B», incluso cuando las palabras se escriben con «V»?

A esto se le llama betacismo. No se trata solo de un acento, sino de un fenómeno lingüístico relacionado con la evolución de las lenguas románicas y que contribuye a la construcción de nuestra identidad cultural.

En términos sencillos, el betacismo es un cambio fonético en el que el sonido «b» (la oclusiva bilabial sonora) y el sonido «v» (la fricativa labiodental sonora) se fusionan en un solo sonido.

Esta característica lingüística es común en varias regiones, como el norte de Portugal, España, el sur de Italia y algunas regiones del noreste y centro-oeste de Brasil.

Para entender por qué ocurre esto, tenemos que hacer un viaje al pasado y fijarnos en la lengua latina.

En el latín clásico, la letra «V» se utilizaba originalmente para representar el sonido «U». El sonido «V» que conocemos hoy en día —la fricativa labiodental sonora— simplemente no existía con la función que tiene hoy.

En las inscripciones o textos latinos antiguos, vemos a menudo palabras como «forvm», «meorvm», «devm» y «qvorum», donde la «V» representaba el sonido «U».

La evolución de la «V» y la aparición de un nuevo estándar

Así, el alfabeto latino no presentaba originalmente las letras «J» y «V» tal y como las conocemos hoy.

Estas letras se introdujeron posteriormente en lenguas como el portugués, sobre todo en el siglo XVI, para diferenciar las funciones vocálicas y consonánticas de la «I» y la «U».

Cambios políticos y diferenciación lingüística

El siglo XVI estuvo marcado por importantes transformaciones políticas y culturales.

La Reconquista cristiana permitió un mayor contacto con la lengua y la cultura árabes, además de concentrar el poder en las zonas centrales del reino.

Tras el ascenso de la dinastía de Avis, que redujo la influencia de la nobleza del norte de Portugal, la variante del portugués hablada en esta zona central se convirtió en el nuevo patrón lingüístico.

Curiosamente, esta variante central ya había desarrollado el sonido distintivo de la «V» (la fricativa labiodental sonora).

Sin embargo, a pesar de que el norte perdió su poder político y cultural, la gente mantuvo su forma de hablar.

Esto explica por qué el fenómeno del betacismo sigue presente en el norte de Portugal.

Lingüistas como Maria Alice Fernandes y Esperança Cardeira sugieren que esta «nivelación» no fue accidental.

Consideran que «puede haber sido consciente y destinada a distanciarse deliberadamente de las variantes del norte, el portugués y el gallego», enfatizando su papel en la «construcción de un símbolo de identidad típico de la dinastía reinante: la Casa de Avis».

El betacismo hoy: un legado vivo

Aún hoy, los profundos lazos históricos y geográficos del norte de Portugal con Galicia han ayudado a preservar muchas características de la lengua antigua.

Por eso, para personas como yo, del norte, estas pronunciaciones tradicionales son simplemente nuestra forma de hablar.

Una persona del norte que viaja al sur se da cuenta de que su acento distintivo es bastante perceptible.

A veces, algunas personas del sur incluso tienen dificultades para entender ciertas palabras más antiguas que se utilizan comúnmente en el norte.

Habiendo crecido en la región de Miño, que limita con Galicia, esta conexión lingüística es particularmente fuerte. Entendemos perfectamente el gallego, ya que a menudo utilizamos las mismas «palabras antiguas» que están muy cerca de sus raíces latinas.

Comparto con ustedes un recuerdo de mi niñez: en el pueblo donde nací y crecí era más fácil captar la señal de televisión de España. Por eso, de niña, veía los dibujos animados doblados al español.

Este bilingüismo informal no solo resultó muy valioso en mi carrera profesional, sino que, mirando atrás, reforzó y consolidó mi propio betacismo, haciendo que la fusión de la «B» y la «V» fuera una parte natural de mi forma de hablar.